viernes, 31 de julio de 2020

Ballena Gris en Laguna de San Ignacio


La ballena gris: de “pez del diablo” a la ballena amistosa


La ballena gris (Eschrichtius robustus), es un símbolo de resiliencia y conservación a nivel mundial. No hace mucho tiempo se encontraba en peligro de extinción, debido a la caza indiscriminada que diezmó sus poblaciones durante siglos. Sin embargo, gracias a campañas internacionales y a la protección legal de sus áreas de reproducción en las lagunas de Baja California, hoy en día podemos seguir disfrutando de su presencia en estas aguas.
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Antiguamente, los balleneros se referian a ella el “pez del diablo”, ya que estas ballenas solían embestir las embarcaciones que intentaban cazarlas. Hoy esa imagen ha quedado atrás: la ballena gris es conocida como la ballena amistosa, por su curiosa costumbre de acercarse a las pangas en estas lagunas y, en ocasiones, permitir el contacto con los turistas. No hay nada comparable a ver un ballenato acercarse juguetón a la orilla de la embarcación, bajo la atenta mirada de su madre, que con paciencia permite ese intercambio entre especies.
Tuve la oportunidad de trabajar durante cuatro años para Ecoturismo Kuyimá, en la temporada de apareamiento que ocurre entre enero y marzo. Fue una experiencia única: aprender de cerca sobre esta especie, acompañar a visitantes en sus encuentros con las ballenas, y comprender por qué son tan especiales no solo para las comunidades locales, sino también para la conservación marina global.

El espectáculo natural en la Laguna San Ignacio

Cada invierno, miles de ballenas grises realizan una de las migraciones más largas del reino animal: recorren más de 15,000 kilómetros desde las frías aguas del Ártico hasta las cálidas lagunas de Baja California. La Laguna San Ignacio, ubicada en el corazón del desierto de El Vizcaíno y dentro de la Reserva de la Biósfera del Vizcaíno (Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO), es considerada por muchos —incluyéndome— como la mejor de las tres lagunas de reproducción (junto con Ojo de Liebre y Bahía Magdalena).

Aquí no solo llegan a reproducirse: también nacen los ballenatos, que en sus primeras semanas de vida practican saltos, movimientos de cola y habilidades que les serán cruciales para la larga migración hacia el norte. Es precisamente en esta laguna donde ocurre el fenómeno más sorprendente: la interacción amistosa con los humanos. Hay pocos lugares en el mundo donde un animal silvestre, de tamaño colosal, decide por voluntad propia acercarse a interactuar con nosotros.
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Ecoturismo Kuyimá: el corazón de la laguna

Durante mi tiempo en San Ignacio, colaboré con Ecoturismo Kuyimá, que para mí representa el verdadero corazón de la laguna. Esta organización comunitaria es pionera en el ecoturismo en la región y ha logrado un modelo ejemplar de turismo sostenible que hoy es referente internacional.

Muchas compañías extranjeras dependen de la infraestructura, guías naturalistas y capitanes locales de Kuyimá, quienes llevan décadas conviviendo con las ballenas y cuidando su hogar. Lo que más me impresionó fue su compromiso de mantener un equilibrio entre el desarrollo turístico y la conservación del entorno.

Además de la observación de ballenas, Kuyimá ofrece actividades complementarias que enriquecen la experiencia: recorridos a las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco (también Patrimonio de la Humanidad), degustación de ostiones cultivados de manera sustentable en la laguna, paseos en kayak por los canales de manglar, observación de aves y visitas a otros atractivos naturales de la región. Todo ello convierte la visita en una verdadera inmersión en el ecosistema y la cultura local.



Trabajar con ellos me permitió conocer de primera mano no solo a la ballena gris, sino también la importancia de la participación comunitaria en la conservación. La laguna no es solo un santuario de ballenas: es también un lugar donde la gente local ha aprendido a vivir en armonía con su entorno, defendiendo sus recursos naturales frente a amenazas externas.

Reflexión final

Observar a la ballena gris en su hábitat natural es mucho más que una actividad turística: es un encuentro íntimo con la naturaleza, una lección de humildad y un recordatorio del poder de la conservación. Lo que alguna vez fue una especie al borde de la desaparición, hoy es un ejemplo de esperanza y de cómo la cooperación internacional, la ciencia y las comunidades locales pueden marcar la diferencia.

Si tienes la oportunidad de viajar a Baja California en invierno, no lo dudes: la Laguna San Ignacio te regalará uno de los momentos más memorables de tu vida.